¿Qué vas a hacer en Semana Santa? ¿A donde vas a ir?
En un mundo normal y justo esta pregunta tendría como posibles respuestas: "tengo un retiro con mi comunidad", o "ire con mi familia a la parroquia" o incluso "viajaré a Ayacucho para participar de las celebraciones". Pero en el no -pocas veces trastocado- mundo en que vivimos parece que lo 'normal' es conmemorar los dolorosos padecimientos de Jesucristo de la manera más frívola posible.
Llegados al inicio de esta semana, todos en general vemos con cierto optimismo que nuestra semana laboral solo consta de tres días, tras los cuales tendremos cuatro días libres para nosotros. Esto puede significar cosas muy diferentes: para unos, días de recogimiento y meditación en los misterios centrales de la fe; para otros, viajes, fiestas, diversión de todo tipo.
Algunos podrán decir que no todos creen en Jesús, pero eso en realidad cambia muy poco las cosas. Para los cristianos, esta es la semana de la despedida del Señor, de sus preciados regalos en la Última Cena; de su intensa oración en el monte y de su pasión, crucifixión y posterior Resurrección por amor a nosotros. Los no cristianos, tienen este 'feriado largo' gracias a un hombre que vivió hace 2000 años, y cuyas enseñanzas fueron uno de los grandes fundamentos de la cultura occidental y una de las grandes fuentes de la hermosa cultura mestiza de nuestros ancestros, de nuestros abuelos y nuestros padres. Ese hombre, que pasó por el mundo haciendo el bien y murió de manera tan trágica como injusta merece respeto; así como sus seguidores.
Evidentemente, en nuestra sociedad peruana las cosas no son tan 'blanco y negro'. La mayoría se sabe cristiana, católica, y reconoce que hay un Dios, y reconocen a Cristo como Señor: se acuerdan de él en las necesidades, en la prosperidad, en la enseñanza a los menores, etc. Mucha gente es muy buena e incluso tiene una vida espiritual y reconoce los valores cristianos como importantes... Pero son cuatro días... ¡cuatro días! ¡Y yo estoy muy cansado, y hay que conocer el Perú! Y los diarios se llenan de sugerencias de destinos, y el mercado se llena de ofertas, y nuestros imaginarios se llenan de todo lo que podremos hacer en esta "semana tranca" como la hemos rebautizado (con toda la ironía del término).
Propongo que apliquemos una de las enseñanzas de este hombre que nos legó el feriado: demos al César lo que es del César. Esta Semana Santa, pensemos en lo que esta pensando. Pensemos lo que en esta semana le pasa a Jesús de Nazaret. Que sufre todos los dolores de la traición y la injusticia para reconciliarnos. Que el jueves clamará por evitar esta copa, y que el viernes clamará a su Padre al que siente tan lejos, poco antes de entregar, junto con su ultima gota de sangre, el último aliento de su vida. Al final de la semana llegará el gran Domingo y estaremos alegres y el mundo rebosará de alegría. Pero no hay resurrección sin cruz, y no hay Pascua sin Viernes Santo. Esta Semana Santa, aunque tengamos las maletas hechas y los planes bien armados detengámonos un momento y pensemos: ¿Qué es lo que estoy celebrando?
Vuelvo a preguntar:
¿Qué vas a hacer en Semana Santa? ¿A donde vas a ir?

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