miércoles, 11 de mayo de 2011

El Voto en Blanco, o "Lavarse las manos"



Sigo encontrando gente que quiere votar en blanco. Dado el panorama electoral es totalmente entendible que muchas personas de buena voluntad lleguen a esa conclusión pero, pese a que ninguno de los dos candidatos califica siquiera como "pasable", me parece que no decidir por ninguno es una actitud improductiva y errada, sin dejar de ser, claro está, democrática. Yo lo veo más como "lavarse las manos" sobre el destino del país, y eso es, en el mejor de los casos, un poco irresponsable. Estos son mis argumentos:



Sobre el argumento del "voto de conciencia"
Votar en blanco o viciado es un acto de protesta, de reivindicación y autoafirmacion personal sin consecuencias prácticas reales en proporción a la "intencionalidad" del acto. Es decir, tu protesta no va a interesar a nadie, no la va a registrar nadie (salvo un NN de la ONPE) y tu conciencia va a seguir siendo la misma. En ese sentido, es un romanticismo muy lejano de la objetividad y de la "eficacia" por así decirlo.

Sobre el argumento de "no va a ser culpa mía"

Premisa: uno de esos 2 va a ser presidente.
Corolario1: si yo voto por uno de ellos, parte de lo que haga ese, va a ser un poquito mi culpa.
Corolario2: si no voto por ninguno, lo que haga quien sea de los dos que gane, va a ser un poco mi culpa, pues no decidí a ayudar a que gane el otro.
Evidentemente este argumento se aplica principalmente cuando existe la conciencia de que por mas que los dos sean atroces, uno es más atroz que el otro, y ese "mal mayor" se suele saber quién es por concenso.

Sobre el argumento del pasado (o "los pecados del padre")
La mayoría de personas que conozco que van a votar en blanco, sabe que Ollanta Humala es un agente muy peligroso para le economía, soberanía y las libertades personales del país. Eso es muy preocupante y un gobierno como el que presenta puede tener consecuencias nefastas para el país que van mas allá de los 5 años de su periodo (en el peor de los casos, se enquista como un parasito por decadas; en el mejor, la economía queda rezagada y desacelerada). Los que no van a votar por Keiko, sobre todo lo hacen por el recuerdo del nefasto y corrupto gobierno de su padre, de la lacra social que significó y por los millones que su mafia robó. Esto genera un resentimiento muy grande, una desazón de haber sido estafado y darle nueva oportunidad al estafador. Si miramos fríamente, es sobre todo una decisión sobre el pasado, sobre lo que (aunque dolió) ya fue. La desición de no votar por Ollanta es una decisión sobre el presente y el futuro; un futuro en que la libertad y la economía no se vean comprometidas por este "mesías" y su tropical entorno.

El sentimiento y el país
En suma y por lo arriba expuesto, pienso que votar en blanco o viciado no sirve. Vayamos a votar con el cerebro, y no con el higado; con la razón antes que con el sentimiento. El llamado "voto de conciencia" fue cosa de la primera vuelta, muy emocionante para muchos de nosotros de sentirse parte de algo que se veía como un paaís mejor, pero nuestro querido Perú, el resto del Perú, se encargo de darnos en lugar de ello a escoger entre dos propuestas que generan pavor. Pero pienso que cualquier ejercicio mental nos puede dar a cada uno, según sus convicciones e incluso según sus intereses personales (muchos de nuestros trabajos prosperan si hay inversión y economía estable) un mal menor que represente para nosotros un modelo de país más aceptable según lo que queremos del futuro -no según el pasado. Por este mismo motivo, reseto y admiro más a quienes deciden votar por el contendor, porque han hecho una opción desde lo que ellos creen que será mejor oara el país, aunque los perciba equivocados.

De más esta decir que en verdad me entristece tener que votar por quien voy a votar (mis sentimientos se expresan claramente en el post inaugural de esre blog: El Perú y mi amor-odio) pero como peruano que quiere ser protagonista y no dejar que la historia pase por delante sin la expresión de mi actuar y mi decidir, me veo en la exigencia de tomar al toro con las astas y ejercer mi capacidad de optar y bancarme lo que se venga en esta ocación, como en otras en las que la libertad puede parecernos una cruz.

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