El tiempo no pasa…

En realidad, el tiempo sí pasa, pero no pasa nada. Nada,
Los minutos se escapan veloces al letargo del concejo sentado.
Las personas hablan, las palabras son dichas, una vez. Otra vez.
El mismo argumento ha pasado ya por la boca de tres personas distintas… fue defendido tres veces y rebatido cuatro, al final fue dejado de lado, para volver minutos después.
Yo puedo decir eso mismo que tu has dicho pero más bonito, mira…. viste?
Lo obvio ha sido recalcado. Y todos estuvimos de acuerdo.
Lo disparatado se mencionó y muy adecuadamente fue desechado. Y todos estuvimos de acuerdo.
Si la reunión fuera un espacio, sería un gran salón de muros blancos con una sola puerta muy pequeña, con poca luz, con poco aire.
Si la reunión fuera un sonido, seria un zumbido grave, continuo… muy tenue para ser comprendido, pero no lo suficiente para ser ignorado.
Descubrimos que nunca hay demasiadas palabras para decir una sola cosa.
Descubrimos que hay un umbral tras el cual la atención tiende a cero; y quisiéramos que fuera cero.
Descubrimos que después de una larguísima exposición/argumentación de cualquier tema siempre cabe decir al final “… eso es uno; lo otro…” y destruir, de un sólo golpe toda esperanza de terminar.
Descubrimos que quizá no todas las personas de una reunión deben estar durante toda la reunión, y que quizá sub-reuniones serían mas eficaces; pero qué complicado...
Descubrimos que el tiempo es oro, que las agendas deben tener tiempos definidos y que es importante ir cerrando temas lo antes posible.
…
La reunión termina y nos vamos todos, felizmente, con las cosas resueltas.
Dos horas mas viejo, dos horas más cansado, quince minutos más sabio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario